
En el bullicio parisino, tan francés y coqueto el recinto de Roland Garros, se suceden los abrazos y las preguntas de rigor antes de entrar en materia. «Y qué, ¿Djokovic o Nadal?». Dos hombres y un destino, favoritos cada uno a su manera, enfrascados en una doble batalla porque esta vez, además del título en los Internacionales de Francia, en juego está el mando del tenis mundial. Lo mantiene Nadal como puede, aunque ya da esa guerra por perdida sin que tampoco le perturbe demasiado. En su mente está volver a ganar y alcanzar a Bjorn Borg con su sexto mordisco en París.








